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Realidades que duelen profundo

Bolívar, Opinión

Por Andrés Velásquez

Niurka Camacho, es una niña venezolana nacida en Los Llanos, en Valle de la Pascua, que tuvo que mudarse a Caracas con su familia para dializarse en el Hospital JM de los Ríos, el único centro de salud del país que tenía el servicio de diálisis para niños y adolescentes.

Desde hace 7 años Niurka dejó su llano, su casa, sus abuelos para poder dializarse 3 veces por semana en Caracas, durante 7 años lo hizo con las consecuencias físicas y emocionales de pasar de sus juegos y su campo a luchar por su vida en un hospital, esperando un trasplante que le permitiera vivir, y regresar a sus juegos, a su casa, a sus abuelos, a la inmensidad de “su llano”, que tanto extrañaba.

El pasado 30 de junio, Niurka con una madurez impensable para una niña de apenas 14 años (cumplió sus 15, el día 05 de julio, solo 5 días después) presentó su testimonio ante la Comisión Interamericana de DD.HH. (CIDH) pidiendo ayuda para que se reactivaran los trasplantes de órganos en Venezuela y ella “pudiera tener una mayor calidad de vida” (sic).

Lo que aquí narro duele, soy padre de una adolescente de su edad y escuchar y ver a Niurka con esa templanza extemporánea para su edad me impactó, me conmovió y me sacudió.

El martes 3 de agosto amanecimos con la dolorosa noticia del fallecimiento de Niurka, pero su voz como la de otros tantos niños que esperan poder ser trasplantados para vivir, tiene que seguir retumbando en toda Venezuela y también en el mundo hasta que se escuche y esto no ocurra nunca más.

¿Por qué esta niña venezolana tuvo que llegar hasta el extremo de tener que pedir ayuda ante la CIDH? ¿Quién se hace responsable de la suspensión del programa de trasplante de órganos en el país? Hace 1 mes que Niurka con una integridad conmocionante había pedido como tantas veces en 7 años ayuda para vivir y no pasó nada, hoy solo podemos hacernos responsables y no ver esta como una historia más, una vida perdida más, porque como ciudadanos no podemos, ni debemos normalizar este horror.

Ana Margarita Álvarez es una ciudadana oriunda de Maracaibo que el pasado 2 de agosto saltó a las redes y se viralizó, con un mensaje desgarrador. Ana es sargento primero de la milicia bolivariana, y aún con el uniforme puesto estaba buscando comida en la basura, y cuando fue grabada por un ciudadano que pasaba por el lugar, dijo alto y claro que buscaba comida en la basura por hambre, porque la caja Clap por la que prestaba servicio en la milicia no le alcanzaba para comer, aclaró que no le pagan salario por su servicio, se identificó, dio su ubicación, se hizo responsable de lo que estaba afirmando y reclamando, (groserías incluidas).

Al día siguiente Ana apareció de nuevo en redes, esta vez en una grabación disculpándose por lo dicho horas antes, alegando tener problemas psiquiátricos y agradeciendo la caja Clap,- una humillación inaceptable-,que claramente dejaba a la vista de todos el apriete al que estaba siendo sometida Ana, (miraba para los lados y hacia el frente recibiendo aparentemente instrucciones de lo que debía decir) y es que a Ana previo a esto, la buscaron en su casa, la grabaron primero pidiendo disculpas, luego diciendo que era paciente psiquiátrico y luego en una cuarta grabación la propia Ana confiesa que la despojaron de su uniforme de la milicia, (ya vestida de civil) la obligaron a declararse paciente psiquiátrico y esta vez libre de presiones no solo aclaró lo que pasó, sino que dejó claro de vuelta que lo que afirmó en el primer video era la verdad.

Estas dos realidades (como muchas otras) tienen que estremecernos, increparnos, sacudirnos, porque dejan claro que todos los venezolanos estamos sometidos a la miseria, las humillaciones, el control social, la violación de nuestros derechos fundamentales (vida, salud, alimentación) por “decisión política” de un régimen comunista capaz de atrocidades de cualquier tipo para quebrarnos moralmente, desarraigarnos, deshumanizarnos y para que normalicemos lo que desde hace 22 años pretenden: aniquilar para siempre nuestras libertades, la democracia y el país ¡BASTA!

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