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Odio y violencia del régimen

Andrés Velásquez, Opinión

Por Andrés Velásquez

Siempre he sostenido que más allá del hundimiento económico, el continuado empobrecimiento de la población, la carencia de servicios públicos, así como, la destrucción de toda la institucionalidad del país (notorios por demás), habrá que agregar la insistencia del régimen en levantar un muro de odio y violencia social que ha venido manteniendo en su discurso y en sus prácticas.

Los odios y resentimientos sembrados sistemática y deliberadamente en estos 22 años, no son nuevos, fue una política asumida desde los mismos inicios con Hugo Chávez, que en mi opinión fue el gran promotor de todos estos infiernos desatados en el país.

Traigo este punto a colación, porque en la agenda que está por iniciar su discusión en Ciudad de México el próximo 3 de septiembre, el gobierno de facto de Maduro, introdujo un punto que no dudo en calificar de provocador y que tiene claramente la deliberada intención de confundir, se trata del punto que establece el «rechazo a la violencia contra el Estado y sus instituciones».

Es inmoral que precisamente quien usurpa el poder de facto, pretenda plantear que el Estado y el poder están bajo amenaza de violencia por la oposición que propone como solución unas elecciones democráticas con garantías y verificables, para resolver el tema de la usurpación que Maduro hace de la Presidencia. Si a ver vamos, quien ejerce la usurpación del poder por la fuerza, es quien ejerce violencia, desconoce la institucionalidad y no respeta el voto soberano del pueblo.

Maduro, no tiene legitimidad. Se autoeligió adelantando 7 meses la elección presidencial sin cumplir con los mínimos estándares democráticos reconocidos por los venezolanos y por la comunidad internacional, razón por la cual el pueblo en primer lugar dio la espalda a esa farsa electoral y la comunidad internacional tampoco la reconoció. De manera que retener el poder por vía de fuerza es un acto violento contra la Constitución.

El punto en cuestión que el régimen dictatorial propuso en la agenda de la negociación del Acuerdo Integral de Salvación Nacional, pretendiendo presentarse como víctima no les va a funcionar, ni ante los venezolanos ni ante el mundo. No es el Estado ni sus instituciones quien debe defenderse de los ciudadanos, al contrario, son los ciudadanos los que históricamente siempre tienen que defenderse de quienes ejercen el poder y del Estado y sus instituciones controladas y utilizadas como brazos ejecutores de abusos y de la violencia que de ellos emana (el caso venezolano bien puede ilustrar esta afirmación).

La violencia de Estado y el abuso y violación de DD HH, desde el ejercicio del poder usurpado, está a la vista y los ejemplos sobran: los niños que mueren en el hospital J.M de los Ríos, por haberse suspendido el programa de trasplantes de órganos, los niños que tienen comprometido su futuro por desnutrición, los trabajadores que se quedaron sin salario, el control social y la extorsión política que se ejerce mediante el mecanismo de programas «sociales», las torturas, los asesinatos (269 asesinatos desde el 2014 a esta parte) la persecución política, las libertades democráticas y humanas conculcadas (derecho a elegir, derecho al trabajo, derecho a la salud, derecho a estar informado, derecho a educación, derecho a vivir en un ambiente sano, entre otros).

No engañaran, este es un régimen monstruoso alejado de la Constitución y del libre juego democrático, que no cree en la alternabilidad del poder y que quiere imponer un proyecto de partido único a perpetuidad.

Concluyo afirmando una vez más, que de todos los males que Chávez y Maduro, nos trajeron con esta «revolución» de miseria y muerte, uno de los peores fue esta violencia y odio, algo que en este país en nuestra etapa democrática, no habíamos vivido con tal intensidad.

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