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Américo de Grazia, el candidato de la división

José Rafael Orta, Titulares

En matemática se habla del máximo común divisor, definido como: El máximo común divisor (m.c.d. o mcd) de dos o más números es el mayor número que divide a todos exactamente y a la vez.

Extraña cualidad para un político, ya que debería ser lo contrario, el máximo aglutinador, ahora bien, por muy rara que sea en un político la habilidad de la división, no quiere decir que no sea útil para algunos propósitos.

Dicho sea de paso, “propósitos” para algunos que están muy cerca del poder, pero un gran “despropósito” para aquellos ciudadanos que ven ante sus ojos como algunos de sus referentes políticos “se meten en la jugada” electoral, caprichosa y sospechosamente.

El MCD Américo (Máximo Común Divisor), apenas llegó a Venezuela, se reúne con Bernabe, ojo ni con Capriles, ni con Delsa Solorzano, tampoco con Guaido o Rosales, sino con el nuevo jefe adeco, causando el estupor en miles de sus seguidores, dejando una imagen que perdurará por un buen tiempo en la corta memoria de nuestro electorado, acto seguido motiva la salida de varias figuras importantes de La Causa R y otros partidos como Primero Justicia y UNT.

Posteriormente luego de “tener de su lado” a varios ex alcaldes y otros dirigentes de los partidos, pretendió pasarle por encima a los partidos imponiendo su candidatura, ya que “Los caballos están conmigo”; Primero los divido, luego debilitados, los obligo a negociar en mis términos, un maquiavélico libreto, que no se impuso, gracias a la institucionalidad de los partidos, a la negativa de avezados dirigentes que se negaron a sucumbir a las presiones de un Neo Caudillismo, pero sobre todo, al inmenso deseo de los actores políticos del estado a trabajar en verdadera Unidad.

Muchos de esos líderes que inicialmente se sumaron al efecto Américo, fueron los primeros en dejarlo sólo, en apartarse,  quebrando totalmente la base de apoyo concebida por el exdiputado y desmontando la estructura y el peso político de su maqueta electoral.

Lamentablemente Américo no vino a sumar esfuerzos, ni a remar junto a los demás en el barco de la lucha por la democracia, desde el principio su pretensión fue la de capitanearlo, y que todos los demás nos convirtiéramos en los remeros del recién repatriado y autonombrado capitán, cuya última muestra de compromiso y lealtad, es jurar una nacionalidad para recibir asilo, y luego renunciar a ella por una candidatura en el país que lo perseguía.

José R. Orta B.

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